
sutiles palabras confundían una mente inocente y el acento del caballero seducía la sencillez de la gente, pero clavaba sus viles ojos en la joven desarreglada y el dinero que hasta al pudor disuelve compra a la niña un vestido que ya no se vende y hasta a la más culta dama lleva a su cama, el hombre que al oído le habla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario